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domingo, 24 de marzo de 2013

El Abuso"



En las próximas elecciones previstas para el 14 de abril sabemos que habrá un uso abusivo, hasta el asco, de los recursos del estado, -incluyendo los medios, los recursos económicos del ejecutivo y las gobernaciones oficialistas, la logística, la propaganda y pare usted de contar.

Sabiendo esto, la pregunta clave es entonces en qué medida este hecho puede afectar al resultado de las próximas elecciones y cuál es la mejor estrategia para enfrentarlo.

Para responder esta pregunta parece conveniente comenzar por analizar ciertos aspectos recurrentes en cada proceso electoral.

No hay evidencia de fraude electrónico masivo: Desde el 2006 tanto los partidos como las organizaciones independientes han podido constatar que los mecanismos puestos en marcha para el control y seguridad del  proceso lo hacen, en este aspecto, muy seguro. Esta afirmación se basa en un conocimiento a profundidad del software y hardware utilizado, que es revisado minuciosamente por técnicos de los partidos e independientes; la utilización de códigos de seguridad que aseguran que el software utilizado no puede ser cambiado durante las elecciones; la verificación del 54% del total de urnas que confirman el apego de las actas y los datos presentados por el CNE (en más de 9 procesos no evidencian  disparidad alguna entre  lo totalizado por las actas en número de votos y lo escrutado manualmente).

Los abogados del diablo insisten en que es necesario lograr el conteo manual de todas las mesas, lo que  técnicamente tiene poco sentido.  Más absurdo aún es pedir retornar al voto manual; todos los pretendidos males del voto electrónico no se resuelven con el retorno al voto manual y en general, lo empeoran. El problema de fondo es lograr la presencia de testigos en la mayor cantidad de centros posibles, no el volver  al voto manual.

No hay evidencia de alteraciones significativas del RE: desde los 2006 equipos técnicos de los partidos y de observadores independientes han realizado labores de depuración importante. Sobre todo, se hizo un análisis exhaustivo para determinar si era posible la existencia de electores "fantasma" dentro del registro electoral. Es decir, electores inexistentes que votarían de manera virtual por el oficialismo alterando los resultados reales. Todas las pruebas realizadas han desestimado esta hipótesis. Todo parece indicar entonces que, contrario a lo que predican ciertos sectores opositores, los votos son emitidos por electores de carne y hueso, de los cuales ya 6.500.000 votaron por Capriles en las últimas elecciones.

El voto es secreto: no puede saberse quién emitió un voto determinado a partir de la secuencia de las captahuellas o, si a eso vamos, por procedimiento alguno. La verificación exhaustiva del software, del hardware y los mecanismos de seguridad del software  así lo aseguran.
Lo que existe es la percepción cultivada y alimentada por el oficialismo de que esto es así. Para ello se lleva a cabo una campaña cuidadosamente diseñada en las oficinas públicas, en los mecanismos de asignación y renovación de becas, ayudas, viviendas y puestos de trabajo pero también entre proveedores y contratistas del gobierno. De manera descarada. Salvando la encomiable  campaña "el voto es secreto", éste ha sido posiblemente uno de los puntos más débiles de la alternativa democrática.

Uso abusivo de medios: es así y es poco probable que cambie esta situación antes del 14 de abril. Sin embargo, el panorama actual es radicalmente diferente al de una elección normal. Capriles, hace menos de 6 meses, estuvo en campaña por todo el país y fruto de su esfuerzo logró 6 millones 500 mil votos. La primera gran pregunta es entonces si la campaña que pueda llevar a cabo Maduro, con el ya señalado abuso de poder, puede cambiar la intención de voto de esos electores democráticos. La respuesta es, probablemente no. Lo que puede cambiar ese número sin embargo, es que esos electores, desilusionados o asqueados decidan no ir a votar. La segunda gran pregunta es si Maduro, usando de manera abusiva medios y recursos puede obtener todos los electores del Fallecido. De nuevo, la respuesta es probablemente no.

Pareciera entonces que el futuro de los resultados de estas elecciones está mucho más en las manos de la oposición de lo que se piensa: cada voto no emitido, cada voto de abstención por protesta, por asco o por cansancio es un voto para Maduro. Pasar esta idea no requiere costosas campañas, requiere activar redes. Por otro lado, cada segundo perdido en discutir si el voto debe ser manual o si se debe contar el 100% de las mesas en la verificación ciudadana es un segundo perdido para el mayor desafío de este proceso: vencer el miedo y las presiones sobre los electores más vulnerables, que a final de cuentas, más allá de concentraciones obligadas, o listas de 10 electores suministradas bajo presión, se resuelve siempre en solitario, frente a la pantalla.

Nosotros, como alternativa democrática estamos en la obligación de dedicar hasta nuestro último esfuerzo a mostrar que el VOTO ES SECRETO. Podemos ganar, pero esto requiere no confundir el pivote, allí donde hay que aplicar la energía.



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